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Dios nos Proteja

Reverendo Sun Myung Moon





Quienquiera que sean, ustedes no nacen por su propia voluntad. Desde su nacimiento hasta cierta edad no se dan cuenta del sentido de su vida o de su rol en la vida. Recién cuando llegan a la adolescencia empiezan, a considerar el sentido de su vida, a pensar en la vida que están llevando y a aprender acerca de la realidad de la sociedad humana como una totalidad. Después de atravesar la etapa de la adolescencia, entran en la primera etapa de la juventud, en la cual su filosofía de la vida se desarrollará completamente. Sin embargo, recién en la vejez su punto de vista llegará a la madurez completa, y su asimilación de lo que es realmente la vida se hará claro.

Ningún individuo puede vivir completamente solo, centrado en sí mismo. Para vivir, necesitamos estar rodeados de nuestros amigos, de nuestra familia, de nuestros vecinos y de la sociedad. Y ampliando nuestra perspectiva, podemos vivir en el nivel nacional y finalmente en el nivel mundial. Cada hombre lucha para convertirse en una persona importante, más aún, en una figura de importancia histórica. Sólo unos pocos pueden alcanzar esa meta tan alta, pues la mayoría no puede llegar a ese nivel. La mayoría de la gente va al Mundo Espiritual después de su muerte física sin haber podido alcanzar esta meta. Esa es la forma de vida común a todos los hombres, y el destino de la humanidad.

Sin embargo, vemos muy diferentes tipos de personas caminando el sendero de la vida. Algunos marchan derecho hacia adelante, algunos van de costado, otros hacia atrás, mientras que algunos otros van haciendo zigzag. La huella que dejan de su vida es como las líneas que quedan detrás de ustedes. Aunque ustedes todavía son jóvenes, cuando miran hacia atrás, a su pasado, deben ver días felices y días llenos de lamentaciones. Desde el punto de vista de su propio interés, estoy seguro de que han experimentado más días desdichados que felices por el ambiente desfavorable que existe en el mundo de hoy. Probablemente ustedes no están en la posición de sentirse orgullosos de lo que son, aunque puedan tener confianza en lo que hacen. Nadie puede decir qué pasará al momento siguiente. Esa ha sido la naturaleza de nuestro destino como seres humanos.

En otras palabras, quizás ustedes van a trabajar con felicidad de mañana, pero nadie puede garantir su seguridad por todo el día. Aunque la oficina esté cerca, nunca pueden estar seguros, porque aun a pocos pasos de la puerta pueden tener un accidente. Nadie puede decirnos qué nos depara nuestro destino. Incluso pueden conocer gente aparentemente agradable en lugares aparentemente agradables, y que todo resulte en algo no necesariamente bueno, o que incluso les traiga una desgracia inesperada. La meta de una persona que estudia mucho puede ser pasar un examen. Pero en el mismo momento en que esa persona sabe que ha aprobado, puede ocurrir una tragedia. Nadie lo puede predecir. Supónganse que hay un hombre y una mujer que se aman y están seguros de que van a vivir como la pareja más ideal del mundo; pero justo en la ceremonia de casamiento surge algo inesperado. Ningún hombre puede estar demasiado seguro de que va a tener un futuro brillante. Hay muchas veces en la vida en que nos vemos forzados a tomar el camino opuesto al que tomaríamos si pudiéramos elegir libremente. Podemos pensar que la vida nos pertenece, pero nos damos cuenta de que no siempre somos libres de hacer de nuestras vidas lo que queremos. Así es con la vida humana. Por lo tanto, estamos caminando el sendero de la vida sin confianza, sin saber qué vamos a encontrar en el camino. Caminamos a tientas cada día de nuestras vidas buscando una vaga esperanza de encontrar algo bueno.

Pero no hay muchas cosas a nuestro alrededor que contengan esa promesa de bien. En general es al revés, encontramos más tragedia que bien. Entonces, ¿hay un lugar donde podamos estar tranquilos y seguros? Nadie puede estar tranquilo y seguro cuando está completamente solo. Necesitan a alguien que, al menos, pueda defenderlos y protegerlos. ¿Quién debe ser ese alguien? Sus padres pueden tener ese rol externamente, protegiéndolos en cierta medida. Pero ellos no pueden garantir sus vidas frente a la muerte. Sus maestros tampoco pueden hacerse responsables por eso; ni sus amigos, ni siquiera su nación con todo su poder. Supónganse que el mundo entero se movilizara para ayudarlos; tampoco podría hacerse responsable por sus vidas. Entonces, ¿quién puede hacerse responsable? Debemos encontrar a alguien que pueda hacerlo. De otro modo estaremos inseguros e infelices, aunque nuestro deseo sea estar felices y en paz.

Queremos que alguien nos proteja en nuestro destino. Entonces, ¿cómo debe ser ese alguien? Ese alguien debe trascender la historia, es decir, el pasado, el presente y el futuro. Debe trascender el espacio y el tiempo. Desafortunadamente, el hombre, por más grande que sea, no puede trascender nada de eso. Pero realmente necesitamos a alguien así que puede hacerse responsable por nuestra vida de fe. Si no podemos encontrar a ese alguien en la sociedad humana, querríamos crearlo en nuestra mente e imaginarnos que él nos protege. Pero si realmente hubiera un ser así, ¡qué felices seríamos! ¡Estaríamos tan ansiosos de encontrarlo!

Cuanto más difícil es el ambiente, más inseguros estamos y nos damos con más ardor a la búsqueda. En esta situación, a menos que se esfuercen por confirmar la existencia de ese ser y entrar en una buena relación con él, nunca pueden estar seguros de sus propias vidas.

Entonces, ¿qué clase de relación querrían que existiera entre Dios y ustedes? Puede haber maestros que sean nuestros señores y pueden protegernos con su posición, poder y conocimiento; pero deseamos más tener a alguien que nos proteja con el calor del amor. Y si nos va a proteger, no queremos que sea sólo por un tiempo, sino por la eternidad. Entonces, ¿quién en el mundo podría hacer eso? Nuestros padres. Necesitamos a nuestros padres. Luego, necesitamos a nuestros hermanos, y también a nuestro esposo o esposa, y a nuestros hijos. Con ellos disfrutamos la bendición de nuestra vida. Pero por más brillante que sea un día, con otras personas gozando de las bendiciones que nos rodean, si alguien a quien amamos está a punto de morirse, no podemos disfrutar de todo lo demás. No importa cuán felices seamos, si una persona que amamos está en una situación trágica, nosotros también nos sentimos infelices.

Cuando miramos las cosas desde este punto de vista, podemos gozar de la felicidad más grande cuando estamos con aquéllos que amamos compartiendo un amor ideal en el grado más alto. No sabemos hacia dónde nos dirigimos en nuestras vidas, simplemente caminamos sin saber nuestro destino. Siempre estamos inseguros. Y, centrados en nuestros padres físicos, la felicidad es mortal. Y lo mismo pasa si nos centramos en nuestros hermanos, o en nuestro esposo o esposa. El amor entre nosotros y estas personas puede cambiar, e incluso hacerse efímero. Por lo tanto, debemos buscar y encontrar el amor ideal que durará por toda la eternidad. Parece que ese amor no existiera en el mundo, pero nosotros nunca dejaremos de buscarlo. Especialmente buscamos a aquél que hará posible que el amor entre padres e hijos y entre esposos dure por la eternidad, bajo su protección. Ese alguien debe ser incambiable, único y eterno: ese alguien es Dios.

Sin Dios como punto central o de partida, nosotros no podemos hacer que todas esas relaciones sean incambiables y eternas. Debe haber una persona con una misión central como agente del amor de Dios, alrededor de la cual se puedan restaurar todas esas relaciones a la forma deseada. Esa persona debe hacerse mediador entre Dios y el hombre para hacer de esa relación una unidad entre Padre e hijo. Las relaciones entre padres e hijos, entre hermanos, entre esposos, deben ser restauradas a la forma original que era la intención de Dios en el momento de la creación. Nosotros estamos en busca de esa relación, y darle cumplimiento es el destino último de nuestras vidas. Una relación ideal de amor verdadero no puede ser efímera, sino eterna, única e inmutable.

Como dije antes, toda relación de amor debe existir a través de la relación entre sujeto y objeto, no se puede gozar del amor estando completamente solo. Es decir, que todos necesitamos a alguien a quien amar y proteger en un ambiente ideal provisto por esa persona. Sólo entonces podemos estar realmente tranquilos en un ambiente que confiamos nunca cambiará. Por mucho que tratemos, no vamos a encontrar esa estabilidad en la sociedad humana, porque todo en la sociedad humana es temporario y cambiante. Necesitamos a alguien absoluto e inmutable. Debe ser un ser omnipotente. Por lo tanto, durante toda la historia el hombre ha buscado encontrar a Dios a través de su fe religiosa. En la verdadera religión debemos ser capaces de restaurar la relación verdadera entre padres e hijos, hermanos y esposos. Con este conocimiento, ¿querrían alcanzar a Dios a través del mediador, aquél que es objeto perfecto de Dios, el Sujeto perfecto? ¿O prefieren ir directamente a Dios? ¿Qué prefieren? Ustedes están muy por debajo del nivel en el que deberían estar, por lo tanto deben ir por el camino, y el mediador es el camino.

En un sentido la religión es el mediador, porque todas las religiones enseñan acerca de Dios. Ustedes saben que Dios existe, ¿pero en qué relación con Dios querrían situarse? La relación más primaria y también la más deseable es la relación padre e hijo. Nosotros queremos servir a Dios como nuestro Padre, con El en la posición de sujeto y nosotros en la posición de objetos. A veces queremos hacer a Dios nuestro amigo; a veces nos gustaría tenerlo como hermano. En un amor absoluto El puede ser simplemente todo para nosotros. En ese amor, un padre no se quejaría si su hijo lo gobernara mientras él sigue en la posición de padre. En una relación de amor así un esposo no se quejaría si su esposa lo domina y viceversa. Sólo el amor y no otra cosa hace que eso sea posible. El amor es la ley más elevada, y el lazo sagrado que trae a dos o más seres a una armoniosa unidad. Por más altos en autoridad, conocimiento o poder que podamos ser, todos nos volvemos tiernos y obedientes como corderos cuando sentimos un amor así. No hay nadie en el mundo entero que pueda negar este amor o despreciarlo.

¿Hay alguien que no quiera ser dominado por esa clase de amor? Incluso Dios quiere ser dominado por ese amor, y ni hablar del hombre. El amor es realmente grande. Dios es el centro mismo del amor, lo cual lo hace lo más grande de todo. El amor es el poder que motivó a Dios a crear al hombre y sólo el amor es lo que hace a Dios absoluto. Centrado en el amor, aun el Ser absoluto y supremo quiere estar a disposición de alguien que sea la encarnación de su amor. Para ese hombre Dios es el Padre que quiere hacer cualquier cosa por él. Dios es el Padre de los padres para el hombre. Tiene el amor absoluto que sobrepasa incluso al amor de padres modelo. Con ese amor El puede abrazar a todos los padres del mundo. De hecho, Dios creó al hombre por su amor paternal. Sin ese amor, morimos.

Dios siempre está pronto para dar la clase de amor que mejor armoniza y el que más desea la persona que busca una relación con El. Si queremos amor paternal de Dios, El está preparado para dárnoslo; si queremos amor de hermano o conyugal, o amor de amigo suyo, El está dispuesto a ellos. El también es el símbolo y la realidad del amor nacional y del amor universal. En nuestra iglesia hacemos que la gente pueda entender y sentir el amor de Dios en esa dimensión. ¿No es maravilloso el hecho de que el amor de Dios nos proteja en todas las relaciones posibles? Nosotros, como la encarnación de su amor, podemos a la vez proteger a otros y a nosotros mismos en nuestro destino con el poder del amor de Dios.

Cuando nos pinchamos sentimos dolor. Pero si estamos seguros de que tendremos muchos beneficios después del dolor, ¿no lo soportamos con alegría? Con esta confianza, podemos lanzarnos hacia adelante a cualquier camino de sufrimiento y tribulaciones. Todos estamos intranquilos e inseguros en el camino de la vida, sin saber qué nos depara el destino. Si en esta situación obscura encontramos una luz que nos muestra un cuadro claro y completo de aquello hacia lo que nos dirigimos, ¿cómo vamos a marchar hacia la meta donde nos espera un nuevo mundo de armonía y amor centrado en Dios? ¿No abandonaríamos nuestro viejo modo de vida para unirnos al nuevo? A causa de la entidad del mal, Satán, nosotros tenemos que enderezar y allanar el camino rechazando el poder satánico a medida que caminamos y construyendo el reino de Dios en nuestros corazones y compartiéndolo con otros hombres. Dios es el absoluto Ser subjetivo, y nosotros, como sus objetos, queremos trabajar por El y por nosotros, y finalmente lo encontraremos a El y nos reuniremos en Perfecta unidad.

Si estamos seguros del amor de Dios, podemos superar cualquier dificultad, por más escabroso que sea el camino. Cuanto más difícil sea el camino, más fuerte será nuestra convicción de que es el atajo a través del cual alcanzaremos la meta lo antes posible. Allí podremos encontrar a Dios, quien está esperándonos ansiosamente, lleno de bendiciones para derramar sobre aquellos que se lancen con todo su conocimiento y entendimiento. Cuando hacemos esto, la desgracia y la infelicidad no pueden dominar nuestras vidas. A través de nuestras experiencias de cada día sabemos que sin amor no podemos sobrellevar los sufrimientos de nuestro destino.

Supongamos que un hombre muriera por desgracia en su camino en búsqueda del absoluto Ser subjetivo. Sin embargo, su muerte no significa el fin, sino el comienzo de su vida. Este hombre, en el mundo espiritual, podría decirle a Dios que murió para vivir en el mundo espiritual, para disfrutar más plenamente del amor de Dios. Debemos estar listos para morir, pero para morir con el amor de Dios en nuestros corazones. Si pensamos que vamos a morir en el seno del amor de Dios, no morimos en absoluto de una manera miserable. En este caso, la muerte de un hombre podría tener un valor más alto que cualquier otra muerte, porque muere con la mejor actitud. Si su esposa hubiera muerto hace mucho tiempo, después de que ustedes tuvieran esa valiosa muerte, ¿ella no los respetaría y amaría más de lo que los había amado en la tierra? Si murieron por alguien, y esa persona más tarde fuera al mundo espiritual, ¿no les amaría y serviría? El amor en el mundo espiritual debe ser de una dimensión más alta que el amor en la vida en la tierra.

Todos hemos descubierto grandes cosas. Yo he atravesado dificultades inimaginables, pero estoy seguro de que soy el hombre más feliz del mundo, ¿no? Soy un hombre feliz porque sé cómo vencer la infelicidad con el amor. Soy la clase de persona que odia que alguien sienta lástima por él, pero amo sentirme apenado por los demás y siento una inmensa alegría haciendo felices a otras personas. De esa manera puedo disfrutar el verdadero sabor del amor. Cuando la gente se compadece de mí, sólo puedo gustar del amor pasivo, que no es lo que yo quiero.

Algunos pueden pensar que nuestra fe nos fuerza o nos conduce por el camino del dolor. Pero espero que todos ustedes puedan vencer el dolor digiriéndolo con el poder del amor, porque la felicidad y el amor son la promesa que espera al final de las tribulaciones.

Decíamos que necesitamos que alguien nos proteja en nuestro destino. Ese alguien debe ser Dios. Pero incluso Dios no puede protegernos o amarnos cuando no lo merecemos, es decir, cuando no establecemos la condición para recibir ese amor. Dios no necesita dinero, posición o conocimiento. Lo que El necesita es amor. Y nosotros también necesitamos ese amor, porque a través del amor verdadero podemos gozar del privilegio de controlar a Dios. Y si podemos controlar a Dios, quien controla nuestro destino, podemos controlar también nuestro destino. Dios no dejaría a aquellos que lo aman de verdad en un camino de infelicidad y desgracia. Dios ayudaría a su gente a vencer las desdichas causadas por Satán.

Aquellos que están ardientemente enamorados de Dios pueden superar la desdicha con facilidad, porque el camino de la desdicha los guiará hacia la felicidad. Cuando yo estaba prisionero en Corea del Norte, soporté terribles torturas; y cuanto más terrible era la tortura, más fuerte me hacía. Cada célula mía se movilizó para luchar contra el dolor. Yo imaginaba que con cada golpe las bendiciones de Dios se multiplicaban. Por esto no temía a la tortura y podía soportarla con facilidad. Si tenemos esta actitud podemos enderezar el camino torcido y emparejar el camino que tiene baches. Aunque nuestro camino en la vida pueda ser intranquilo, inseguro, efímero, lleno de desdichas que son más que la muerte, nosotros sabemos que a través del amor que Dios tiene por nosotros y nosotros por El, podemos seguir sin dificultad. Cuando estemos dispuestos a morir y a vivir en el amor de Dios, mereceremos la protección de Dios. Ese es el camino que cada ser humano tiene que recorrer. Que Dios nos proteja en nuestro destino.





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