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Hijos del Padre Celestial

Reverendo Sun Myung Moon





Debido a la caída del hombre no hemos visto a Dios en el verdadero sentido. En un sentido, no hemos tenido al Dios verdadero, no hemos estado viviendo con el Dios verdadero. Si nosotros como humanidad hubiéramos podido unirnos a Dios, con Dios, como nuestro Padre, habitando en El, viviendo con El, en el amor más grande, qué felices seríamos. Y por parte de Dios, qué feliz habría sido al vivir con Sus hijos verdaderos. El, siendo el Altísimo en todo sentido, habría desbordado de alegría, con una felicidad inimaginable. Habría vivido con nosotros en el amor absoluto. ¿Se han puesto alguna vez a pensar en cómo sonreirá Dios, y bailaría y se deleitaría al vernos? Es nuestra gran pérdida el no haber podido vivir con un Padre así, a partir del cual comienza todo lo bueno y lo feliz. Nunca hemos experimentado una sensación así en el grado máximo.

Nosotros experimentamos el amor de Padres. Nuestros padres nos besan en la mejilla, nos abrazan y nos consuelan en los tiempos difíciles. Nosotros hemos experimentado estas cosas, pero no en su grado máximo, y no en el sentido verdadero, porque cada sensación puede venir en su grado máximo sólo de Dios. Lo que hemos experimentado en el mundo separado de Dios no es de Dios, sino dominado por Satán. ¿Se han puesto a pensar quién fue que hizo la primera sonrisa en el mundo, la primera risa en el mundo entero? Por supuesto, estaban Adán y Eva, quienes podrían haber sido felices si no hubiera sido por la caída. Pero, ¿quién estaba contento en el momento de la caída? Satán. No Dios. Satán estaba feliz después de usurpar la soberanía de Dios sobre el hombre y poder tener a toda la humanidad bajo su dominio. La sonrisa de Satán, la risa de Satán fue horrible cuando tomó control sobre el hombre. Después de la caída, la historia se sucedió, en su mayor parte, de acuerdo a la voluntad de Satán. Nuestros antepasados trabajaron e hicieron las cosas de manera tal que dieron más placer a Satán que a Dios.

Si ustedes realmente sintieran esto, si consideraran seriamente esa realidad horrible, casi se sentirían ahogados por ella. Querrían abandonar este mundo, volar a otro. ¿Tenemos, aunque sea, una pulgada de tierra que podamos reclamar como nuestra como hijos de Dios, en donde podamos estar felices? No tenemos un lugar así. Y aunque quisiéramos dejar esta tierra, tenemos que restaurarla en su condición original.

Si dejamos el mundo como está, no podemos esperar que Dios venga y habite en este mundo con nosotros. Deberían sentir deseos de evitar que El venga a este mundo oscuro. Si realmente son hijos de Dios, ustedes sentirán así, porque todo es lo opuesto a su deseo.

Dios sin embargo, por su parte, siempre quiso venir y habitar con nosotros, ayudándonos, salvándonos; pero nosotros, hombres del pecado, nosotros, hijos desobedientes, hemos privado a Dios de amarnos y vivir con nosotros. Qué triste está el corazón de Dios. Si hubiera un solo hombre que, representando a toda la humanidad, se sacrificara a sí mismo para salvar al mundo, para borrar el pecado de los demás, deseando ser una víctima por Dios, ¿Dios estaría complacido con él o no? En ese caso, ¿Dios rechazaría a ese hombre diciéndole: "Tú eres uno de ellos, eres un hombre manchado, pecador. No me gusta mirarte. No quiero que me ayudes de ningún modo"? ¿Dios diría algo así? Por más alto y puro que pueda ser, Dios necesita que alguien lo ayude en su restauración del mundo. Por lo tanto, Dios estaría agradecido de encontrar a esa clase de hombre, y le pediría que hiciera ciertas cosas por El. Pero encontrar a ese hombre ha sido muy difícil.

¿Qué pasaría si ese hombre dijera a Dios: "me he sacrificado por tu causa, debes reconocerme"? ¿Cómo se sentiría Dios? El hombre es muy avaro. Queremos tener más de lo que hemos ganado. Si esa persona de misión central pensara de esa manera y dijera esas cosas a Dios, y si yo fuera Dios, le diría: "Oh, ahora también tu has demostrado ser de la tribu satánica. No quiero tenerte". Dios debe sentir así acerca de tales personas.

¿No recuerdan cuando Jesús rezó en Getsemaní: "Si es posible, si es posible, pasa este cáliz amargo de mí. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que Tú"? Si Jesús no hubiera dicho en su oración: "...que no se haga lo que yo quiero sino lo que Tú", Dios jamás podría haberlo aceptado. Ese es el secreto de ser un hijo de Dios. Es ser completamente obediente a la voluntad de Dios. Sólo de esa manera podemos hacerlo feliz.

En el mundo del mal sólo hay un camino para Dios. Es el camino del sacrificio del hombre pecador que desea deshacerse de todo lo que tiene para recibir a Dios. ¿Cómo se sienten al escuchar esto? ¿Tristes, serios? Ustedes están aquí prontos para recibir a Dios, pero Dios quiere que se sacrifiquen aún antes de que se les pida hacerlo. Esa es la clase de persona que Dios quiere que sean, porque él quiere que superen el nivel de los hombres caídos. Por eso su corazón está triste. A menos que ustedes estén listos a sacrificarse aún antes de que se les pida, Dios no podrá venir a ustedes. Si viven así, Dios estará orgulloso de ustedes frente a Satán. A menos que hagan eso, no hay manera de restaurar la autoridad y la dignidad de Dios como hijos suyos.

Deben hacer una oración con esperanza a Dios: "Oh Padre, no quiero ser un hijo tonto, sin sabiduría. Quiero conocer tu corazón. Estoy listo aquí a sacrificarme, ¿por qué no vienes y habitas conmigo?" Por esa oración Dios está orgulloso de ustedes.

E incluso pueden rezar: "Padre, seré responsable de restaurar a este mundo, y puedo hacerlo, créeme. No tienes que venir y ayudarme. No quiero que vengas a este mundo de sufrimiento a ayudarme. Quédate allí y mírame". Con esa clase de oración pueden consolar el corazón de Dios. Entonces, ¿cómo respondería Dios? Les diría: "Ya voy. Debo ir y ayudarte. Aunque quieras evitar que vaya, tengo que estar contigo. Quiero estar contigo, en el medio de la oscuridad". Dios les dirá eso. Entonces cuando estén tratando de cumplir su misión prontos para hacerse camino a través de todas las dificultades, se encontrarán de pronto con que Dios ya está allí frente a ustedes, con todo preparado y el camino pavimentado delante de ustedes.

Dios es el Dios de amor, de corazón de Padre. En ese caso, si ustedes fueran Dios, ¿no querrían hacer lo mismo por sus hijos? Cuando viven así con Dios, se hacen sus hijos más grandes, por haber conmovido el corazón de su Padre. Así pueden restaurar la dignidad de Dios y El puede estar orgulloso. Y ustedes se sentirán orgullosos unos de otros, y satisfechos con ustedes mismos.

Yo imagino que todos ustedes rezan mucho. Hambrientos o llenos, satisfechos o insatisfechos, ustedes siempre están rezando a Dios. Pero el grado de su fervor determinará la respuesta de sus oraciones. También en la oración las actitudes que ustedes hacen serán diferentes. Estoy seguro de que, cuando rezan a Dios, algunos de ustedes piensan: Yo quiero hacer mucho por El, pero primero El tiene que contestar mi oración. Dios no quiere que ustedes cambien su forma de ser, de rezar sólo por complacerlo. Sin embargo, a El le gustaría que recen más y con más fervor. Su atención se dirigirá a contestar la oración de ustedes. Si El encuentra a alguien que, sin rezar siquiera, está haciendo las cosas como si su oración hubiese sido respondida, la atención de Dios se dirigirá a esa persona.

Si El tiene dos hijos, y uno está rezando mucho sin que se le haya dicho que rece, mientras que el otro está rezando con reticencia después de que se pidió que lo hiciera, ¿a quién se dirigirá Dios? No creo que haya uno solo de ustedes que no sepa la respuesta.

Supónganse que hay un hijo que asiente cuando su padre le dice que haga algo. Pero hay otro hijo que por iniciativa propia descubre algo y viene a su padre para preguntarle si lo que ha descubierto es verdad o no. ¿Quién de los dos da más placer a su padre? De otra manera, un hijo puede darse cuenta de lo que pasa alrededor de su padre; pero otro hijo está tan ansioso por introducirse en el mundo de su padre que lo primero que piensa a la mañana es: "¿Papá estará levantado? ¿Cuáles serán sus planes hoy?" ¿A quién se inclinará el corazón del padre?

E incluso puede haber otro hijo que no puede evitar despertar a su padre porque tiene ideas acerca de planes maravillosos. Y golpea a la puerta de su padre o entra corriendo en su habitación y lo despierta. El padre seguramente amaría a ese hijo.

Si ustedes estuvieran en la posición del padre, ¿amarían a su hijo que se pega a ustedes las 24 horas del día sin dejarlos siquiera ir a dormir? Si ustedes aman y se preocupan por su padre, aunque lo irriten y no le permitan hacer otra cosa, él se verá forzado a preocuparse por ustedes y amarlos también. Lo mismo pasa con Dios, nuestro Padre Celestial.

Voy a contarles una historia acerca de mi hijo, Hyo Jin. El es un chico muy activo. Corre tan rápido que tropieza con todo. Un día se cayó y se rasguñó las piernas, y yo las vi hinchadas y sangrando. El era muy pequeño. Le pregunté: "¿Duele?" Estaba sangrando, pero me dijo: "No duele. Está bien". Nunca olvidaré esa escena. En vez de llorar, el niño consoló a su padre.

Entre los hijos de Dios que están trabajando hay dos clases. Unos quieren servir más duro a Dios porque están ansiosos de recibir su amor. Sienten alegría y satisfacción al disfrutar el amor de Dios. Pero otros hijos están preocupados por la causa de su padre y saben que El está ansioso por buscar y encontrar a otros hijos, él quiere traerlos de vuelta a Dios. Ustedes dirían "Padre, espérame. Aunque esté lejos de Tí mientras estoy haciendo esto, no te preocupes por mi". Si ustedes salieran en busca de sus hermanos perdidos y trabajaran muy duro y no volvieran a su padre por un largo tiempo, ¿estaría El con ustedes? Es claro que Dios los amarla más si ustedes fueran los hijos que quieren salir a buscar a sus hermanos perdidos y traerlos a casa.

Supónganse que el hijo que está trabajando para restaurar a los hijos perdidos muriera en el frente de batalla: ¿el Padre se enojaría porque su hijo ha desobedecido? No, estaría orgulloso de él. Apreciaría el corazón de ese hijo y lo amaría mucho más. Por lo tanto, ustedes deben hacer cosas sin que se les diga que tienen que hacerlas, y sin quejas. Deben ser más serios que El acerca del cumplimiento de lo que El tiene en mente.

El amor y la paciencia del Padre están con el hijo que está siempre listo a ayudarlo de cualquier manera posible y que iría a cualquier lado por la gran tarea que hay que realizar. Dios anhelaría tener cerca a ese hijo para que cuide a sus otros hijos y sus nietos. De ese modo su amor se multiplicaría a través de esa persona.

Hay varios tipos de corazón. Algunos padres dirían a sus hijos: "Debes amarme a mí y a nadie más, y debes servirme a mí y a nadie más, porque yo soy tu padre". Pero hay otros padres que dirían a sus hijos cosas por los demás, "En vez de amarme a mí y hacer cosas por mí, ¿por qué no vas y haces cosas por los demás, porque yo los amo tanto como a tí?" Esa clase de padre es un verdadero padre. Cuando ustedes no tienen deseos de sacrificarse, si ese padre los conduce incluso a la muerte por sus muchos otros hijos, ese padre es un padre verdadero.

Después de que hayan terminado su trabajo aquí en la tierra, cuando vayan al próximo mundo, al otro mundo, si le dicen a Dios que no quieren ir al Cielo sino que quieren quedarse en el infierno para ayudar allí a la gente, Dios traerá el Cielo hasta ustedes para que vivan en él. ¿No creen que lo haría? Entonces, si ustedes insistieran en que los deje vivir en la sociedad más humilde, El sonreirá y les diría: "Hijo, eres un niño muy inteligente". En ese caso, aunque no fueran obedientes a Dios, el aún así estaría orgulloso de ustedes. Serían ejemplos de completa bondad.

Algún día El les diría: "No tienes que ir a la sociedad. ¿Cuándo te dije que tenías que salir y testificar a la gente? ¿Por qué no te quedas aquí y descansas?" Si ustedes objetaran y protestaran y finalmente salieran a la sociedad, ¿El los castigarla? Dios, que está tratando de salvar a toda la humanidad, quiere que ustedes tengan esa misma actitud. El desea que ustedes quieran ser esa clase de cristianos.

Esa es la razón por la cual leemos en la Biblia cosas paradójicas. En un lugar se nos enseña a amar a nuestro Padre con todo nuestro corazón, toda nuestra fuerza y toda nuestra sinceridad. Ese es el primer mandamiento de Dios. Más tarde se nos dice que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Juntos, estos mandamientos parecen paradójicos; pero si cumplimos los dos, podemos ganar al mundo entero.

Cuando Dios les dice que lo amen más que a nadie, significa que El quiere que se cumpla Su voluntad a toda costa. Por lo tanto, es natural que ustedes amen a su prójimo y a sus hermanos y hermanas como a ustedes mismos. Si van a ser el reflejo de su Padre, ¿van a amar solamente a una persona que satisface sus metas personales, o van a amar a toda la gente del mundo por Dios? Dios ama la gran combinación de todas las personas, incluyendo a las personas de las generaciones pasadas y futuras; cuanto mayor es el alcance de su lucha, más amor recibirán del Padre Celestial.

Si quieren alcanzar la posición de recibir el amor del Padre, la relación que tienen con el mundo debe cambiar. Supónganse que pasan por el lugar de un accidente en el que hay un herido. Deberían sentir tanta compasión como si esa persona fuera alguien que está muy cerca de ustedes, y tendrían que querer ayudarla de cualquier manera. Incluso tendrían que decir a la gente que está alrededor que también tenga compasión. Si las otras personas estuvieran mirando solamente sin hacer nada, ustedes tendrían que estar ansiosos como si esa persona fuera su propio hijo. Tendrían que ponerla en su auto y llevarla ustedes mismos al hospital, urgente.

Si se encuentran con una persona maravillosa que está haciendo grandes cosas por el mundo, tendrían que hablarle y alentarla. Tendrían que agradecer a Dios por haber encontrado una persona tan buena y tendrían que asociarse a ella y establecer una relación de corazón a corazón. Tendrían que sentir deseos de ponerse ustedes mismos en la posición de padres de esa persona, y soportar todo por ella; tendrían que rezar a Dios para que reciba lo que esa persona hace y para que perdone sus pecados y los de sus antepasados. Tendrían que sentirse uno en corazón con la persona, uno en alegría y en dolor.

Deberían amar al mundo tanto como para pedir a Dios que bendiga mucho más a un país próspero y lo guíe para que se convierta en la nación líder del mundo: "Yo quiero verte feliz por este país próspero después de haber derramado tantas bendiciones aquí". Por otro lado, si ven un pueblo pobre en una nación subdesarrollada y no privilegiada, deberían sentir inflamándose en su corazón el celo por hacer que esa nación vea algún día el sol. Tendrían que desear elevar el nivel de vida de esa nación, porque odian ver a su Padre angustiado por el sufrimiento allí. Tendrían que estar ansiosos por hacer a esa nación igual a las demás. Tendrían que desear estas cosas sin reservas.

Entonces, ¿cuál debería ser nuestro deseo? Nuestro deseo es convertirnos en hijos de Dios, hacer todo en su lugar antes de que El lo pida. Nuestro deseo es convertirnos en la clase de personas que la historia de pecado de la humanidad nunca ha visto antes.

¿Dios quiere que ustedes rían y estén felices antes de que El los haya hecho felices? Si ustedes han tenido la experiencia de criar hijos, saben bien la respuesta. Supóngase que un padre y una madre discutieron y están infelices que no quieren reír o sonreír. Están de terrible humor; pero sus hijos, inocentes, vienen a ellos sonriendo, riéndose y bailando, tratando de hacer reír a sus padres. ¿No se reirían? Aunque quisieran estar de mal humor, seguir enojados, cuando miraran a sus hijos que están tratando de alegrarlos, sus corazones estallarían de risa.

¿Qué es mejor, tener a sus hijos desdichados y tratar de tranquilizar sus corazones, aun cuando ellos estén tristes porque saben que ustedes tienen una carga? ¿O tener hijos que quieren hacerlos felices a ustedes? ¿No les gustaría tener hijos que traten de alegrarlos? Nuestro deseo es convertirnos en esa clase de hijos de Dios.

Para ser así, primero deben hacer las cosas antes de que se les mande. Segundo, deben ser tan emprendedores como para querer actuar solos, incluso sin la ayuda de su Padre. Ustedes le dirán: "Padre, por favor, quédate donde estás. Yo me haré responsable. Yo haré mi parte. Por favor espera hasta que pueda regresar a Tí con mis logros. Estoy haciendo esto por Tí y por mis hermanos a quienes amo sinceramente". La tercera cosa es, como acabo de decir, desear hacer las cosas por sus hermanos del mundo entero porque Dios los ama de la misma forma. Si sienten de esta manera, ustedes son los hijos restaurados a quienes Dios ama más. El los alabará y querrá darles todo. Estará orgulloso de ustedes.

Cuando El les dé alabanzas y todas las cosas buenas, ustedes pueden decir: "Padre, ahora que me has dado toda esta felicidad y estas bendiciones, ellas son mías, ¿no es así?". El les dirá: "Por supuesto que son tuyas". Y entonces podrán hacer lo que quieran con ellas. Quizás quieran dar todas sus bendiciones a otras personas pensando: "Que todo lo que he recibido pertenezca a mis hermanos", Dios estaría muy feliz con ustedes.

Si hacen esto, ustedes serán los hijos de piedad filial de Dios. El perdió su amor, su felicidad, su paz y toda su creación por la caída. Por lo tanto ustedes deben tener el deseo de devolverle a través de otros la felicidad, el amor y el ideal absoluto que El les ha dado.

Si toman esa posición, ustedes pueden atraer el corazón del Padre Celestial. Pueden tener el amor verdadero de Dios como posesión, y eso es la esencia de todo. Si El encontrara esa clase de hijo con las manos vacías después de haber dado todo lo que tenía, el Padre le diría: "Soy tuyo, puedes tenerme". Con esto en mente, ustedes pueden interpretar toda la Biblia.

Si hacen su camino de esta manera, Dios se volverá hacia ustedes para estar con ustedes. Podrán encontrarse con El dondequiera que estén. Por bajo que sea el lugar donde estén, la atención del Padre estará allí enfocada en ustedes. El Reino de Dios en el cual El se deleita estará allí en el corazón de ustedes dondequiera que vayan.

Deben estar profundamente conscientes del hecho de que no han nacido para ustedes mismos. Nacieron para el mundo entero; viven por el mundo entero; están prontos a morir por el mundo entero. Si viven esta idea en un grado máximo, estarán llevando a cabo lo que el Padre quiere que hagan. Entonces toda la creación querrá pertenecer a ustedes y Dios mismo será de ustedes. Aunque no lo quieran, todas las cosas se ofrecerán para venir a ustedes a pertenecerles.

Cuando sientan: "Yo nací de mi Padre y ya soy una parte de El, y quiero estar con El y hacer todo por El, para siempre", ustedes estarán ya en la posición de recibir el amor de Dios y su herencia. Aun cuando mueran, saben que van a vivir en el otro mundo en espíritu, y que El los amará aún más.

Entonces, ¿qué les faltará?

Si están en la posición de estar siempre con su Padre en espíritu, entonces van a vivir con El dondequiera que estén, por la eternidad. Por lo tanto, dormidos o despiertos, hagan lo que hagan, nunca piensen que están solos. Están siempre con su Padre, y su Padre está con ustedes.



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