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Declaración de Su Eminencia, Arzobispo Emmanuel Milingo


Nueva York, NY
Distribuido por
Rev. Phillip Schanker
Relaciones públicas Dept por el FFWPU


Como un católico bautizado en la infancia, he consagrado mi vida a la iglesia. Desde mi ordenación en 1958, he vivido una vida célibe, y he tratado de servir a Dios con todo mi corazón, he predicado el evangelio de Jesucristo y ministrado a Su pueblo. En el proceso, he servido fielmente a la Iglesia católica como Curate, sacerdote de Parroquia, Arzobispo de Lusaka, y Delegado Especial para los emigrantes y errabundos, entre otros. Nunca he buscado posición mundana o rango jerárquico alguno, y he tenido el sólo deseó de servir al Señor, a Su iglesia y Su pueblo. El Espíritu Santo ha sido mi consolador y consejero; y el Señor Jesús y la Madre Bendita han derramado luz en mi camino. Estoy especialmente agradecido a su Santidad, el Papa Juan Pablo II, cuyo estímulo, aceptación y apoyo nunca han vacilado.

Ahora, a los 71 años de edad, después de una vida de devoción a la Iglesia y a mis votos sacerdotales, el Señor me ha llamado a dar un paso que cambiará mi vida para siempre; que me facultará para ser un vehículo de Su gracia y bendición para África y el mundo, pero que será uno que yo supongo alterará también mi relación con la Iglesia Católica Romana. Yo doy este paso sólo en obediencia al Señor Jesucristo, y solamente después de muchos días de oración y ayuno. No sufro por las opiniones de los hombres y busco sólo hacer la voluntad de Dios. Es importante, sin embargo, que las numerosas personas en África, Europa y en otras partes, quienes han confiado en mi guía o fueron bendecidas por Dios a través del instrumento de mi servicio, sean totalmente informadas de mis razones y motivos para esta acción, por si alguien busca difamar o torcer mis propósitos para sus propios fines.

El domingo, 27 de mayo del 2001, seré bendecido en matrimonio con María Sung, una médica en acupuntura, una fiel y amorosa sierva del Señor. Como un sacerdote célibe, el matrimonio era la cosa más lejana a mi mente. Es sólo por el mandato de Jesús y el consejo y el apoyo del Reverendo y la Señora Sun Myung Moon, que tomo éste audaz e
inesperado paso, uno con el que he luchado en lo más hondo de mi corazón por algún tiempo. A solicitud mía y de mi futura novia, el Reverendo y la Señora Moon oficiarán la Ceremonia de la Bendición, dispensarán nuestros votos y consagrarán nuestra unión, junto a clérigos de varias denominaciones. Mis razones para hacerle caso al mandato del Señor de ser bendito en matrimonio son las siguientes:

I. La Palabra de Dios: El Propósito del Matrimonio y de la Familia

> Como dice en el Génesis 1: 27, "Y creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creo; varón y mujer los creó." Nuestro Señor afirmó ésta escritura cuando dijo: "¿No han leído que el Creador, desde el principio, los hizo hombre y mujer, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos uno solo? ...Por tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre." (San Mateo 19: 4-6). El nos dice que el matrimonio en sí mismo es el cumplimiento del propósito de Dios de la creación -dado que la imagen de Dios es de varón y hembra, es sólo siendo una pareja que podemos reflejar totalmente Su naturaleza. Después de crear a Adán, dijo Dios, "No es bueno que el hombre esté solo" (Génesis 2:18). Su primera dirección para ellos fue, "Crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla" (Génesis 1:28)

No obstante, el voto sacerdotal del celibato tiene un significado profundo en la providencia de Dios. Nuestros primeros antepasados desobedecieron a Dios, comieron del fruto prohibido. Avergonzados de su desnudez, cubrieron sus partes bajas, y se escondieron de Dios. Fueron echados del Jardín, y su matrimonio y vida familiar no tenían nada que ver con Dios. La humanidad ha heredado el linaje de pecado de éstos padres caídos. Jesús dijo,
"...ustedes son hijos de su padre que es el diablo; le pertenecen a él y desean complacerle en sus deseos" (San Juan 8: 44). Debido al falso amor entre hombres y mujeres desde el mismo comienzo, el camino de la devoción total al servicio de Dios ha requerido de nosotros el sacrificar semejante deseo humano. San Pablo explicó el conflicto entre el servir a Dios y el estar casado, elogiando a aquellos que se "abstienen de casarse" (1 Corintios 7: 27-40). Jesús reconoció a aquellos que "a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos" (San Mateo 19:12). Así mi voto de celibato ha sido uno que ofrecí con todo mi corazón. Con la sangre de nuestro falso padre Satanás, corriendo en nuestras venas, nosotros no podemos entrar en el reino de Dios a menos que nacemos de nuevo, recibiendo el cuerpo y la sangre de Jesús y heredando el amor, la vida y el linaje de Dios a través de Su unigénito Hijo. Entonces, yo oficio y seguiré celebrando la misa cada día de mi vida, porque la sagrada comunión representa la verdadera y más íntima unión con nuestro Padre Celestial.

Sin embargo Dios me ha mostrado que la unidad de un hombre y mujer devotos, es un
verdadero reflejo de la Santísima Trinidad. De la misma manera que Dios el Padre, se manifiesta y es uno con la unión mística de Jesús y el Espíritu Santo, así nuestro Padre Celestial puede ser presente totalmente en la unión de un hombre y una mujer en la comunión del matrimonio. San Pablo enalteció la relación entre Jesús y la Santa Madre Iglesia como el modelo para el matrimonio (Efesios 5: 22-32). La iglesia temprana, como Pablo, consideraron el matrimonio como una infortunada necesidad. Gradualmente, la vocación del matrimonio y su propósito original y sagrado han sido resucitados. Al cierre del segundo milenio de la Cristiandad, muchos en la iglesia se han dado cuenta que el sacrificio del celibato ha cumplido su propósito. Entramos en la era cuando cada hombre y mujer es llamado a cumplir con su propósito original de reflejar la imagen de Dios.

Tristemente, muchos son incapaces de reconciliar este anhelo original con su voto del celibato, entonces su compromiso se ha vuelto un caparazón vacío, un patrón inalcanzable. Toda índole de iniquidad, incluidos la aberrante lujuria, los hijos ilegítimos, y otros horrores secretos, han sido una carga en las vidas de aquellos que buscan servirle a El. El incremento de la homosexualidad y del embarazo entre sacerdotes y monjas se han vuelto de común conocimiento. En esta manera la sangre de Satanás ha seguido fluyendo hacia adentro y a través de la Iglesia de Dios. Esta sangre satánica debe ser limpiada, y el amor, la vida y el linaje verdaderos de Dios deben ser restaurados. Parafraseando a Pablo, es tiempo de crecer, de dejar lo que era de niño, y de enfrentar la verdad, viéndola no opacamente como a través de un vidrio, sino cara a cara.

He pasado mi vida confrontando el diablo. Ahora, al responder al llamado de Dios de asemejarle plenamente a El y de restaurar su ideal original del matrimonio, yo oro por que se abra el camino para que muchos otros se separen a sí mismos de Satanás, purifiquen sus espíritus y cuerpos y ayuden a limpiar y renovar la iglesia.

II. Mi Vocación y Misión

El 3 de abril de 1973 descubrí, casi por casualidad, que fui bendecido con el don de sanidad. Desde entonces, Dios ha continuado a hacer uso de mi don para bendecir a muchos. El Espíritu del Señor está en mí, porque Él me ha ungido para predicar el evangelio, sanar a los enfermos y más allá de mi propia expectación, exorcizar demonios. En cuanto obedecí a Dios como Su instrumento, se produjeron innumerables milagros.

Miles y miles fueron bendecidos a través de este ministerio. Médicos y curanderos nativos por igual, dieron testimonio del poder de Dios y muchos vinieron a la iglesia del Señor por medio de la prédica del evangelio y del carisma de la sanidad. Experiencias espirituales poderosas ocurrieron entre la congregación de fieles. Las Hijas del Redentor, Los Hermanos de San Juan Bautista, Los Niños de Jesús el Buen Pastor y numerosos ministerios y misiones florecieron por medio del derramamiento del Espíritu Santo. Vine a conocer la fuerte presencia y el trabajo del mundo espiritual.

Muchos en la jerarquía de la iglesia no podían entender estas poderosas manifestaciones del espíritu y buscaron controlarlas o limitarlas, al restringir mi ministerio. A pesar de mi devoción a la palabra de Dios, mi ofrenda diaria de la misa y mi compromiso para con la Santa Iglesia, fui acusado, temido y calumniado. Además, yo vi que el dominio cultural europeo de la Iglesia había limitado tanto el mensaje cristiano como impedido que los africanos descubrieran verdaderamente su valor original y su identidad espiritual. Al tiempo que daba mi amor por la iglesia y su tradición, me determiné en ayudar a superar el sentimiento de inferioridad cultural que se impuso a los africanos y en traer nueva vitalidad a la Cristiandad nutriéndola en el suelo fértil de la herencia espiritual de África. Este esfuerzo me puso también en desigualdad con algunas autoridades de la iglesia.

Mi esfuerzo por cumplir la misión que Dios me ha dado ha sido cada vez más frustrado, bloqueado y hasta saboteado por algunos en la autoridad eclesiástica. Fui acusado de todo tipo de maldades terrenales y espirituales, llamado a Roma, demandado, cuestionado, examinado y aislado. Se divulgaron horribles rumores sobre mí. Aunque las preocupaciones eran contestadas una por una, se hizo claro que no se me dejaría regresar a la Arquidiócesis de Lusaka, a servir a las personas africanas a quienes yo amo. Obedientemente, me quedé en Roma por casi veinte años. Aunque se me impidió celebrar la misa en cualquier iglesia dentro de los límites de la ciudad, no podía abandonar el llamado a predicar el evangelio, sanar a los enfermos y echar fuera los malos espíritus. Lamentablemente me he convertido en un desafío para la iglesia que amo, y la iglesia que amo se ha convertido en una traba que me restringe a mí en la misión que me ha sido dada por Dios. He luchado en oración, preguntándome cuál prevalecería: ¿mi voto de obediencia a la autoridad eclesiástica, o mi promesa de obediencia a Dios?


III. Mi Amor por la Santa Iglesia

No obstante todas las acusaciones, restricciones, calumnia y destierro, mi hondo amor por la Santa Madre Iglesia no ha vacilado. Aunque he sido separado de las personas que Dios me ha llamado a servir, y restringido de ofrecer los dones que el Espíritu ha continuado a manifestar a través de mí hasta ahora, yo continúo a observar la fe en la que fui bautizado. Como algunos en posiciones de poder han sido utilizados por el diablo para atacarme, tengo sólo que buscar defender y proteger la iglesia de Dios. En tanto que yo luchaba entre el llamado de Dios y mi obediencia a la iglesia, sé que muchos más grandes que yo, han enfrentado el mismo dilema, desde santos hasta reformadores. También como ellos, yo no tengo el deseo de dejar la iglesia que amo y sin embargo, solo puedo seguir la dirección del Señor.

Oro para que mi abrazo al ideal de Dios del matrimonio y la familia, mi determinación de seguir la dirección del Señor y el llamado de mi conciencia y mi compromiso por la salvación de África y del mundo, irán a tocar los corazones de los fieles y servirán como un llamado para despertar a la iglesia a medida que esta entra en un nuevo milenio. Hace dos mil años, las mismas personas que Dios preparó, no conocieron la hora de su visitación. Así como Jesús proclamó la venida del reino y predicó un nuevo evangelio, aquellos que se aferraron al pasado, lo señalaron a él como a un diablo. Cuando él limpió el templo, los líderes religiosos se preocuparon sólo de la amenaza que él representaba para la autoridad de ellos. No tenían ni ojos para ver ni orejas para oír. Cuidémonos de no repetir los pecados del pasado.

IV. Mi Relación con el Reverendo y la Señora Sun Myung Moon

Sin duda alguna habrá quienes demandan que he sido indebidamente influenciado por otros a seguir este camino. Por esta razón he explicado cuidadosamente el pasado que hace este curso inevitable. Algunos creerán que he sido convertido o controlado, pero yo les aseguro a ustedes, que son mis propias decisiones. Soy obediente primero y por encima de todo al mandato del Señor Jesucristo. En exaltar el ideal universal de la familia para toda la humanidad, el Reverendo y la Señora Moon nunca me pidieron negar o abandonar mi fe católica. Yo les he preguntado al Padre y a la Madre Moon de arreglar y consagrar mi matrimonio debido a mi respeto por la especial unción que Dios les ha dado para la construcción de matrimonios y familias centralizadas en Dios. He visto en verdad que el Reino de Dios puede solamente ser establecido en la Tierra por medio del amor verdadero, y ese amor puede establecerse solamente a través de familias centralizadas en Dios. Ellos están haciendo el trabajo del Señor.

Puedo decir desde el fondo de mi corazón que el Reverendo Sun Myung Moon es un hombre de Dios. Su ministerio empezó en su juventud con un llamado de Jesucristo. He visto su esfuerzo e inversión en unir a personas de todas las confesiones religiosas y en derrumbar las barreras raciales. He orado a Jesús por largas horas sobre el Rev. y la Señora Moon, y el Señor me ha guiado para entender y apreciar su ministerio especial de construir familias amorosas centralizadas en Dios, entre personas de todas las confesiones, en calidad de Padres Verdaderos. He observado que el Rev. Moon conoce el mundo del espíritu tanto como yo lo he experimentado, en una manera profunda.

Animo a todos los fieles de estar sumamente preocupados en encontrarse con el Dios viviente y en hacer Su voluntad, y ruego para que mi amada iglesia tome medidas adicionales en la reestructuración de su "modus administrandi." Para aquellos que condenarían el mensaje y el ministerio universal del Padre y la Madre Moon, sin ninguna investigación personal, acuérdense que virtualmente cada profeta y santo fue mal entendido y rechazado. Yo puedo solamente retomar las palabras de Esteban en los Hechos de los Apóstoles 7: 51-52: "¡Ustedes, hombres testarudos, tercos y sordos, siempre han resistido al Espíritu Santo. Eso hicieron sus antepasados, y lo mismo hacen ustedes. ¿A qué profeta no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que predijeron la venida del Justo, a quien ustedes acaban de traicionar y asesinar."

V. Nuestro Futuro

Aunque mi corazón siente hondo pesar por aquellos que yo amo, pero que podrían aún no entender el camino que estoy tomando, me siento lleno de alegría y por la oportunidad de ofrecer todo mi corazón y mi alma y de poder libremente usar todos los dones que Dios me ha dado en Su servicio una vez más. Mi compañera María y yo volveremos al África, un continente que esta sufriendo el azote del VIH y del SIDA; un continente enlodado en la confusión política, económica y social, no obstante una tierra rica en una herencia de valores tradicionales de familia, comunidad, respeto por los mayores y la espiritualidad. Es nuestra misión renovar esa herencia, de llevar el amor sanador de Cristo y usar la piedra angular de las familias de Dios para reconstruir la sociedad. Dios nos ha llamado a llevar un movimiento de sanidad y renovación, y para el continente donde nací, yo invertiré el resto de mi vida terrenal. Le debo mi vida y mi amor al Señor Jesucristo y a la Bendita Virgen María. Ofrezco mi eterna gratitud y respeto a su Santidad, el Papa Juan Pablo II. Soy y siempre seré devoto a la iglesia que amo.

El mismo Dios viviente que me ha guiado hacia una vida de servicio a Su iglesia
y Su pueblo, me ha guiado ahora a trabajar con el honorable Reverendo y Señora Sun Myung Moon. No estoy ingresando a la iglesia del Rev Moon, porque su labor no es para una sola iglesia, ni para una sola nación, ni para una sola raza. Es para derribar las barreras entre todas las razas, naciones y credos, y realizar el Reino de los Cielos en la Tierra. He orado a Jesús, y el Señor mismo me ha mostrado que Su reino debe ser realizado por medio de los corazones y las manos del hombre, y debe basarse en el amor verdadero y las familias verdaderas. El ha ungido este ministerio y ha confirmado la rectitud de mi camino. Agradezco a Dios por la visión y el ejemplo del Reverendo y la Señora Moon, y prometo trabajar con hombres y mujeres de todas las confesiones para realizar el mundo del ideal de paz, felicidad y amor de Dios, que es la última misión de todas las religiones. Que Dios bendiga a todos aquellos que tienen hambre y sed de justicia.

H.G. Emmanuel Milingo
Arzobispo anterior de Lusaka, Zambia
El 26 de mayo de 2001

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